Introducción

 

 

HoroscopAge, más que un título sugestivo, es una invitación a participar en la aldea global de la astrología. Las páginas del grupo HoroscopAge,  dan cabida a la mayor parte de los horóscopos, sistemas y astrólogos, porque entendemos que cada uno tiene una parte de la verdad sobre la influencia de los astros en la vida humana...

 

Tanto los aztecas o nahuas, como los mayas y los chinos, los griegos y los caldeos ―de cuya tradición proviene el horóscopo occidental moderno―, los hindúes y los celtas, tienen algo que decir sobre los astros y su influencia en nuestra vida, nuestro destino...

 

Los horóscopos aztecas o nahuas, así como loa mayas, se destacan universalmente porque se basan en día, mes y año de nacimiento, con un total de 20 signos, que cambian día a día, mientras que el occidental sólo atiende al mes que define el signo zodiacal y a la hora de nacimiento por el ascendente.

 

El sistema Chino enfatiza el año, basado en su calendario agrícola-lunar, dándole una caracterización específica que sólo se repite cada 60 años ―dragón de fuego, por ejemplo― y también la hora de nacimiento, para definir el ascendente.

 

Se asemeja al sistema Nahua o Azteca en su caracterización anual, sólo que en éste el ciclo es de 52 años.

 

Además, en el calendario azteca una deidad rige el año, otra la trecena o “mes”, una más el día y, por último, otra deidad rige el número —en abstracto— del día de nacimiento. También tomaban en cuenta la hora de nacimiento, pues de día y de noche regían los dioses ―o Señores― correspondientes.

 

Otros pormenores de los astros y sus posiciones eran analizados, sobre todo para los oráculos de hijos de los personajes de la realeza, pero ese conocimiento se perdió ―junto con otros de no menor importancia― en la vida de los antepasados mesoamericanos.

 

Tanto en el horóscopo Maya como en el Azteca se da la mayor importancia al día de nacimiento para conocer las características psico-sociales de la persona y así poder predecir tus patrones de comportamiento.

 

Por ejemplo, los nacidos en el día Lagartija (Cuetzpallin) serían los jefes de sus hermanos, cualquiera que fuera el orden de nacimiento, aún cuando fuera el hijo menor, por sus cualidades innatas e indiscutibles de liderazgo.

 

En efecto, los individuos nacidos bajo el signo de la lagartija son, según nos dicen los textos del siglo XVI, “fuertes y sólidos de cuerpo y alma”. Probablemente esta última cualidad, la fuerza moral, es la que les permite predominar sobre sus herma­nos y hermanas, pues cualquiera que fuese su lugar numérico, el mayor, el segundo o el menor, el varón azteca nacido en el signo lagartija era considerado el jefe de la estirpe.

 

Esto es algo que los aztecas tenían observado por generaciones y daba resultados. Los aztecas eran un pueblo eminentemente práctico, eran una especie de romanos del nuevo mundo, en cambio los toltecas eran los refinados ―especie de griegos mesoamericanos― de donde tomaron los aztecas no sólo el horóscopo o “astrología judiciaria”, sino casi todos los aspectos de su cultura y religión.

 

Por tanto, en el fondo estos horóscopos son toltecas, pues este pueblo es el padre cultural de todo el Anáhuac, cuyas altísimas capacidades matemáticas y astronómicas siguen asombrando a la humanidad.

 

En este aspecto de la predicción ―sin determinismo, desde luego― Karl Jung, el célebre discípulo de Freud, se acercó a los aztecas. Recordemos que el psicólogo mandaba levantar una carta astrológica a sus pacientes, con el fin de predecir su posible conducta, cual hacían los aztecas.

 

Pero en este pueblo americano no sólo eran reconocidas las capacidades y defectos por el astrólogo o Tonalpouhque, sino también por toda la sociedad, a tal extremo que en el nombre mismo del individuo iba su día de nacimiento y se iban agregando otros nombres según sus méritos y logros militares o religiosos.

 

Evidentemente, en la verdadera astrología no se trata de fijar un determinismo, es decir, que todo acontecimiento resulta necesariamente de causas que operan según leyes inexorables, y que el destino ya está escrito y no se puede variar por el ser humano.

 

Sino que se trata de otorgar una orientación para superarnos, y en verdad no podemos dejar de considerar la influencia que ejerce el cosmos al momento nuestro nacimiento…

 

Nada hay casual en el cosmos: Ni el día ni la hora del nacimiento, ni siquiera el nombre del individuo son producto de la casualidad; por el contrario, todo obedece a la ley de causa y efecto, todo es causal en el cosmos infinito…

 

En el horóscopo azteca de esta página se consultaron las fuentes antiguas, como la “Historia General de las Cosas de Nueva España”, de Fray Bernardino de Sahagún ―cronista franciscano del siglo XVI (1499-1590)― en cuyo libro IV se estudia, concretamente, el calendario adivinatorio. Esta obra, también llamada Códice Florentino o Códice Matritense, fue escrita en náhuatl y español entre 1540 y 1585, y recoge la tradición oral de los nahuas; es considerada como la principal fuente para el conocimiento de la cultura azteca.

 

Asimismo, se consultó la obra de Fray Diego de Durán, “Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme”, cuyo primer volumen estudia los ritos y costumbres de los antiguos mexicanos. Su parte final, escrita en 1579, trata de manera detallada del calendario antiguo, que se refiere a la «astrología judiciaria».

 

Los horóscopos mayas ―al igual que los aztecas― decididamente no se obtienen por “meses” o veintenas, como en los horóscopos tradicionales, sino por el día, mes y año de nacimiento.

 

Además de la tradición maya-quiché, consultamos a Fray Diego de Landa y a otros autores que poco a poco irán enriqueciendo este compendio de la astrología universal.

 

Los pueblos mayances, antiguos y modernos, así como los mixes, los popolocas de Puebla y los matlatzincas de Michoacán, tienen en sus calendarios una correlación que se ajusta a la fórmula Ce Cóatl = 13 de agosto de 1521, fecha de la conquista de Tenochtitlán.

 

Cualquiera cuenta de los días nahuas o mayas que no se ajuste a esta fórmula no resiste un análisis. Por tanto, nuestro horóscopo con toda seriedad se ajusta estrictamente a la mencionada fórmula.

 

Por su parte, el horóscopo Hindú se rige por el zodíaco tradicional, es decir, es igual que el occidental moderno con sus 12 signos zodiacales, con especial énfasis en los planetas que rigen los signos, por ejemplo: el Sol (Ravi) rige Leo (Simha). Se aborda el aspecto esotérico que invariablemente rodea la astrología hindú, citándose la respetable opinión del Maestro Tibetano Djwhal Khul.

 

La astrología occidental, basada en el zodíaco tradicional o clásico, no se desarrolla plenamente en esta página, en virtud de que enfatizamos los demás horóscopos, menos conocidos en Occidente.

 

Aquí sólo nos concretaremos a la parte esotérica de la astrología occidental u horóscopo Zodiacal, con el mayor respeto por todas las corrientes del pensamiento universal. Al efecto, se estudia a los grandes ocultistas que ilustran este compendio astrológico.

 

Ahora bien, para calcular exactamente el día en que el Sol entra en un signo zodiacal, existen diferencias entre los horóscopos. Es un hecho que en los años bisiestos cambian las fechas; asimismo, con el sólo transcurso del tiempo hay ajustes a las fechas, por ejemplo: en 1981 el 21 de diciembre entró Capricornio, mientras que en 1987 entró el 22, lo cual representa normalmente un problema para los que nacen en el límite de un signo y otro.

 

En nuestra página encontrarás el dato exacto, científico, de la entrada del Sol en tu signo, cualquiera que sea tu año de nacimiento.

 

Por otra parte, veremos que el calendario Chino es agrícola-lunar, lo mismo que el Celta, con sus peculiares mediciones astrológicas…

 

Como puede apreciarse, se compendian variados criterios astrológicos, pues nadie posee la verdad absoluta ni tiene el mejor horóscopo, el mejor de todos es el que uno graba en su propia estrella interior, por eso se exponen los más variados criterios para que cada cual saque sus propias conclusiones y, en su caso, tome sus reflexivas decisiones…

 

Las más antiguas representaciones del zodíaco se encuentran entre egipcios y caldeos, de quienes aprendieron los hebreos, y no sólo asimilaron la astrología sino especialmente la Numerología, convirtiéndose en consumados maestros los que antaño fueron discípulos de esta ciencia de las vibraciones y combinaciones numéricas, entregada desde entonces de labios a oído, mediante la “tradición” [= entrega], que en hebreo se dice cabalá, término que fue considerado peyorativo durante la persecución judía del Medievo.

 

La Cábala, además de ser la ciencia sublime de los números, es considerada una especie de teología hebrea, por decirlo de alguna manera. En su aspecto predictivo, los últimos descubrimientos sobre los códigos cifrados en la Torá han causado tanto impacto como las profecías de Nostradamus. Poco a poco se han ido revelando los misterios de esta ciencia prodigiosa…

 

Pasan los milenios y nos sigue asombrando la herencia tan extraordinaria que egipcios, caldeos y hebreos nos legaron en numerología y astrología ―entre otras materias―, comparable en el Nuevo Mundo sólo con mayas y aztecas en Mesoamérica, e incas, chibchas y muiscas en Suramérica.

 

Lamentablemente, poco se ha podido rescatar de esa sabiduría ancestral, tan lastimada por la violenta conquista… Aunque todavía resuenan sus ecos en las sierras de México y Centroamérica, así como en las tierras araucanas y las tupidas selvas amazónicas…

 

La Cábala de predicción ha sido históricamente ―y sigue siendo― un instrumento preciso para prever las posibles consecuencias de los amores y desamores de los números que tienen los días y las horas, en relación con los números que caracterizan a cada individuo.

 

Aquí es importante no sólo conocer el día, mes y año de nacimiento, sino también el nombre del usuario, para determinar ―por síntesis cabalística― su número síntesis o número fundamental. Debe ser su nombre oficial, porque así nos dará el peso específico de su vibración numérica, es decir, la relación causa-efecto (o Karma-Dharma) con la Fuente cósmica de todos los números, como dirían los antiguos…

 

También es importante ―pero no estrictamente necesario― que el usuario precise la hora de nacimiento, para determinar y consultar su signo ascendente en los horóscopos, así como la misión específica y las orientaciones de conducta de cada nativo en la numerología…

 

En realidad de verdad, el origen de la Astrología y la Numerología se pierde en la noche de los siglos… ¿Quién puede, certeramente, ponerle fecha a las piedras de Egipto o Teotihuacán? Son normalmente dataciones tomadas de los restos humanos y orgánicos de las inmediaciones.

 

¿Acaso no es posible que grandes cataclismos ―registrados a lo largo de la historia en todas las tradiciones y folclores― hayan arrasado con las verdaderas civilizaciones que erigieron esos monumentos del ingenio humano?

 

¿Por qué coinciden los sabios de la India con los de México en que somos la quinta raza raíz que puebla este planeta, es decir, el quinto Sol que hemos visto salir después de la profunda noche producida por los horribles cataclismos —como el diluvio— que se registran, de manera uniforme, en los libros sagrados y mitos de la antigüedad?

 

¿Cómo y cuándo surgió en el ser humano la facultad de medir el tiempo y los movimientos de los astros? ¿Cómo y cuándo surgieron las matemáticas y la astronomía? ¿Por qué la astronomía y la astrología formaban una sola ciencia en la antigüedad? ¿Quién nos enseñó el arte de medir los cielos?

 

¿Será posible que un pueblo que supuestamente no conocía la rueda, como es el maya, tenga un calendario más preciso que el gregoriano, que haya descubierto el valor de la cifra cero, y se haya complacido en tener dos calendarios uno común y otro sagrado, con distintas clases de cuentas? ¿Es posible que sus calendarios perpetuos sean producto del esfuerzo de un “rústico pueblo agricultor”, con el sólo fin de medir los ciclos agrícolas?

 

¿Cómo puede un pueblo supuestamente sin conocer la rueda y sin herramientas de hierro, saber ―mucho antes de la llegada de los europeos― los pormenores de los ciclos sinódicos de Mercurio, Venus, Marte o Júpiter?

 

¿Cómo es que llegaron las civilizaciones antiguas ―sean del viejo o del nuevo mundo― a tan alto grado del conocimiento del cosmos y del hombre? ¿Por qué degeneran las grandes civilizaciones, cuyo esplendor todavía fulgura a lontananza?

 

A pesar de nuestra súper-modernidad sólo tenemos aproximaciones de los profundos misterios sobre el origen del ser humano y sus prolijos conocimientos de los astros en la antigüedad, así como de las armonías y desarmonías, uniones y desuniones de los números, con los cuales “Dios geometriza”, según dijera Platón.

 

Las enseñanzas contenidas en los distintos sistemas aquí expuestos, están establecidas desde hace millares de años, y no es necesa­rio el ejercicio de ninguna facultad especial para entenderlas, forman parte de lo que Karl Jung llama el subconsciente colectivo, el Átman universal de los indostanos o ánima mundi de los latinos, o cualquiera otro nombre que se use para caracterizar este fenómeno tan humano.

 

Nuestra especie ―desde su más remoto origen, aseguran los antropólogos― siempre ha pretendido encontrar el lugar que nos corresponde en relación con las luminarias de los cielos y los números que nos rigen, para hacernos vibrar apropiadamente y así unir nuestro microcosmos hombre con el macrocosmos infinito y su Creador, inquietud que ha sido y será piedra angular de filosofías y religiones…

 

Sabiamente dijo Shakespeare: “Hay más cosas en este universo de las que puede considerar tu particular filosofía.”

 

A final de cuentas, todas las ciencias astrológicas y numerológicas son ayudas de nuestros antepasados para lograr un mayor conocimiento de nosotros mismos y el lugar que ocupamos en el cosmos, a fin de prevenirnos y poder utilizar sabiamente las fuerzas de la naturaleza.

 

Hemos buscado y entregamos ahora estas herramientas, abrigando la esperanza de que brille nuestra estrella interior, nuestro número interno, labor que se facilita si buscamos lo que une a los distintos sistemas astrológicos y numerológicos, en vez de aferrarnos a las diferencias, que sólo generan otras diferencias y polarizaciones poco sensatas.

 

Así como existe un orden inexorable en el cosmos y los planetas de nuestro sistema solar giran armónicamente alrededor del Sol, igualmente esperamos que este compendio del pensamiento astrológico universal logre despertar en nosotros el conocimiento ―que en realidad todos llevamos dentro― para vivir en armonía no sólo en relación con el universo, sino con los pequeños universos que son nuestros demás hermanos: los nativos del planeta Tierra...

 

Agradecemos tu visita a este compendio de la Astrología ―y Numerología― universal, deseando sea útil a tu persona y tu familia, haciéndote a la vez una respetuosa invitación a participar ―cuantas veces desees― en la aldea global de la astrología, que festeja el inicio de una Nueva Era, la Era de Acuario, bajo los auspicios de la mayor libertad de pensamiento y expresión de que se tenga noticia en la historia de la humanidad…

 

Viajemos en las alas del conocimiento antiguo, para ir “MÁS ALLÁ DEL HORÓSCOPO”...

 

Sri Hiram D’Azur

 

 

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